Mis días en una secta CristiAAna.

Lo que relataré a continuación está totalmente basado en mis recuerdos de lo que experimenté en un grupo que se reunía en instalaciones identificadas con el logotipo de Alcohólicos Anónimos y al cual asistí de manera totalmente voluntaria. Aclaro que no pretendo asegurar que todos los grupos de Alcohólicos Anónimos, o similares, se conduzcan de la misma forma. Y que debido al tiempo transcurrido y a la poca fiabilidad de mi memoria, así como de mi estado mental en ese momento; muchas situaciones posiblemente han sufrido alguna distorsión involuntaria de mi parte. No escribo esto con otra intención más allá de su malsano (pero respetable) entretenimiento basado en la morbosa afición, que compartimos, de hurgar en las vivencias de alguien más.

Los días en el “primer mundo” de un tipo tercermundista.

Hace 2 años mi novia y yo nos mudamos de Querétaro a Barcelona. Y unos días antes de partir, en el lugar donde hasta ese momento trabajaba mi jefe anunciaba a mis compañeros: “...Nos deja para irse al primer mundo…” Me quedé pensando, ¿realmente me voy al primer mundo? ¿Barcelona es parte del primer mundo? Pero entonces ¿Qué putas es el primer mundo?

Esa relación tóxica a la que llamamos trabajo (Parte 1)

Últimamente por cuestiones circunstanciales, contextuales; así como también por decisiones conscientes y apremiantes, me vi en la posición de revalorizar mi concepto del trabajo y de mi vida laboral en general. Supongo que todos nos preguntamos tarde o temprano, y seguro más de una vez en la vida, si eso que hacemos lo haremos el resto de nuestros días, si somos buenos en lo que hacemos, si trabajamos para vivir, si vivimos para trabajar, si vale la pena lo que hacemos contra lo que recibimos en términos monetarios, de beneficios, de tranquilidad, de realización profesional y personal. ¿El trabajo nos dignifica o nos hace autómatas miserables? ¿El trabajo lo sufrimos o por el contrario #amomitrabajo?

Un día fui a París y la odié

Una de las cosas que mi novia y yo habíamos planeado al mudarnos a Barcelona era visitar otras ciudades de Europa y París era visita obligada; sobretodo porque "Viajes Esteya", la guía parisina del tercermundista impresionable, nos había invitado a visitarla en tan idílico y aspiracional lugar. Lo que en un primer intento había resultado imposible a causa de una nevada destructora de sueños y saboteadora de planes, por fin pudo lograrse. Fuimos a París, y si me lo permiten les quiero compartir por qué para mí en esta fugaz e ignorante experiencia, a esta ciudad no queda más que odiarla.

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